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Photographe dans les Vosges ©Mathieu Génon/Reporterre

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Tribune —

Anticipación


La ausencia del medio ambiente en los debates políticos de los países occidentales es abrumadora. Esta ausencia impide que haya una reflexión sobre la consecuencia de la crisis ecológica : su confluencia con el movimiento mundial de igualación lleva a los países ricos a disminuir su consumo material. Negar esta perspectiva sólo deja la puerta abierta a dos políticas.

En la política oligárquica, la clase dirigente proclama la posibilidad de aumentar la abundancia material a través del crecimiento del PIB y sin modificar el reparto de ingresos, que es muy desigual. Esto estimula la agravación de la crisis ecológica y el incremento de los precios de la energía, de ahí el bloqueo del crecimiento y el aumento del desempleo. De ello se deriva el agravamiento de las tensiones sociales, que la oligarquía intenta achacar a los inmigrantes y los delincuentes. Además, la competición mundial por los recursos alimenta el nacionalismo. La oligarquía refuerza el aparato de seguridad y reprime los movimientos sociales, aboliendo progresivamente las formas exteriores de la democracia. Y al final de todo esto aparece la violencia.

En la política socialdemócrata, los dirigentes se obstinan en buscar el crecimiento. También corrigen la desigualdad social, pero esto queda al margen, para contentar a los “mercados”. Las tensiones sociales son menos fuertes que en el escenario anterior, pero el peso de la crisis ecológica y las tensiones internacionales siguen presionando mucho y generan los mismos efectos de frustración. El sector más reaccionario de la oligarquía acosa a los dirigentes apoyándose en la extrema derecha. La salida es la debacle, o una clara ruptura con el "desarrollismo".

Así que habrá que aceptar adaptarse a la crisis ecológica. La clave será reorientar una parte de la actividad colectiva hacia las ocupaciones con menor impacto ecológico y de más utilidad social : el dominio de la energía, un nuevo urbanismo, la agricultura, la educación, la salud, la cultura… Esto conllevará la creación de empleos, mientras la socialización del sistema financiero impedirá la esterilización de una parte de la riqueza colectiva. Las desigualdades se reducirán drásticamente. Esto hará que la caída del consumo material sea equitativa, es decir, soportable, también porque los bienes comunes y colectivos mejorarán considerablemente.

Y al final de este camino, un mundo en paz con la nueva realidad de los límites de la biosfera. Pero ¡qué largo se hace !


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